Patricia Matey
El Mundo nº 644, 24 de diciembre de 2005

“Gracias a mis pacientes he podido aprender qué es la vida y quién soy yo”

A lo largo de toda mi carrera he sentido asombro ante la vida de los pacientes y gratitud porque ser médico, como lo fue mi padre, me ha permitido tocar el alma de la gente». María Jesús Mardomingo, pionera en abrir una unidad de Psiquiatría Infantil en nuestro país, la cual dirige en el hospital madrileño Gregorio Marañón, ha decidido rescatar del recuerdo, acumulado tras 30 años de experiencia profesional, las biografías de aquellos pacientes que le han marcado y hacerlas públicas en su último libro, ”Tiempos cortos”. Con él quiere rendir homenaje a sus enfermos y a sus familiares y desea que sus ejemplos sirvan para que otros afectados se vean reflejados, tengan esperanza y no se sientan solos.

Pregunta.- Si, como bien describe en su prefacio, el paciente y el médico son depositarios de una verdad secreta que a nadie más incumbe, ¿qué le empujó a desvelarla?

Respuesta.- Que estas historias no se pierdan. En realidad, porque son reflexiones mías fruto de mi contacto con ellos. En otras ocasiones son vidas contadas a través de los ojos de sus familiares. Pero, sobre todo, que otros enfermos que están en la misma situación se sientan reconocidos y reconfortados.

P.- Tantos años escuchando confesiones, ¿cuáles contar?

R.- Eso es, precisamente, lo más curioso de ‘Tiempos cortos‘ Nunca tuve un esquema determinado, empecé a escribir y los casos fueron fluyendo, casi sin pensar, sin tener que discriminar. Un día me di cuenta de que había terminado. Si me preguntas si he pensado ‘a posteriori’ que debería haber incluido otros relatos, la respuesta es no.

P.- ¿Cree que los niños afectados por un trastorno mental de ayer son distintos de los que ve hoy?

R.- Los menores y adolescentes son los mismos, como también las enfermedades que más les afectan, como los trastornos depresivos, los de ansiedad, así como los obsesivo compulsivos, la esquizofrenia y la enuresis. Lo que ha cambiado es la sociedad, la vida en general y de forma muy rápida.

P.- ¿Y esa transformación está influyendo en que el suicidio sea la segunda causa de muerte entre los adolescentes y jóvenes de los países desarrollados, en el acoso escolar o en otros problemas?

R.- El nivel socioeconómico se ha elevado y ahora los españoles viven, en general, muy bien y esto es bueno para todos. Es muy positivo que las mujeres trabajen porque su ejemplo provoca que sus hijos e hijas crezcan en el respeto al sexo femenino, lo que repercute en una disminución de la violencia de género. Pero todo tiene su lado negativo, las mujeres llegan agotadas a casa y además se sienten culpables, lo que repercute en la educación que dan a sus hijos. Un problema que desaparecería si tanto las labores domésticas, como la formación de los hijos fuera compartida. Otra cosa es que los valores de la sociedad estén cambiando. Hay mucha presión social por destacar, triunfar, tener dinero y hay poco espacio para la comunicación o para dedicar tiempo al crecimiento personal.

P.- ¿Qué cree que es el factor que más impacto causa en un menor y que puede contribuir a que sufra un trastorno mental?

R.- Yo no lo sabía, pero mis años de experiencia me han enseñado que en muchos casos subyace, el abandono. Existen muchas clases: el de unos padres que te dejan en un orfanato, la muerte de uno de los dos progenitores, el de un marido que se va de casa…, pero, también, el que muchos pequeños sienten cuando no se les escucha, no se les dedica tiempo, se les critica en exceso, se les ignora o se les desprecia.

P.- ¿Qué han hecho por usted, David, el abuelo, la madre, Sofía… como otros personajes que aparecen en su libro?

R.- Todo… han contribuido a que sea quien soy, me han hecho entender la vida y aprender de mí misma. Con muchos de ellos o con algunos familiares sigo en contacto porque hemos desarrollado una relación sincera, sin intereses… A mis estudiantes de quinto de carrera, les pregunto qué quieren ser cuando se licencien: médicos o técnicos en salud, porque ser lo primero es otra cosa. Sólo pueden serlo aquéllos que se acercan a los enfermos con sensibilidad y con responsabilidad. Y siempre con ilusión.

P.- Se habla constantemente de la televisión o de los videojuegos como elementos que están afectando la mente de la población infantil. ¿Está de acuerdo?

R.- El problema de la televisión es que las imágenes se suceden de forma rápida y muchas son asimiladas sin que el pequeño las entienda. Se minimiza la violencia y sus efectos nocivos y se le otorga el valor de ser el camino fácil y rápido para resolver los conflictos con éxito. Lo importante es que un adulto vea la televisión con el pequeño y le haga entender lo que ve y por qué sucede.

P.- Hoy en día muchos padres se sienten desorientados a la hora de educar a los hijos, hablarlos o entenderlos. ¿Qué deben hacer?

R.- Lo primero que necesita un niño es el afecto de sus padres, su cariño es el factor de protección de la salud mental más importante, para crecer con seguridad. Lo segundo es tener claros los valores que se quieren transmitir y mantener una actitud coherente con ellos. No se puede decir una cosa y luego hacer otra.

Patricia Matey

(El Mundo, Salud, 24 de diciembre de 2005, número 644)

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